Para Ade, con profunda
admiración y respeto.
He conocido a una hermosa mujer de caminar sonoro y bellísimos ojos negros. Es verdad créanme, ella lo iluminó todo, lo incendió todo cuando su mirada se tropezó, así sin querer, con la mía. Atravezó mi corazón como estaca y nubló mi pensamiento, sólo era ella con esa mirada melancólica y sublime. Sus pestañas parecían regalar caricias al aire que las rozaba y yo ahí: petrificada, seducida por tanta belleza y equilibro. Manos suaves pero fuertes que hilaban cuentos; sonrisa tímida por la que apenas se asomaban unos dientes pequeños como polvo de estrella. Invitación toda ella, al goce profundo de la contemplación sublime. Sentí que me estaba mirando ante un espejo. Almas gemelas tal vez...
