
...la vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba".
Esta canción de José Alfredo Jiménez me gusta un resto. Y pues poniéndonos mortuorios y de acorde a las fechas cercanas para recibir a los muertos chiquitos y grandes, me puse a releer un texto de pura gráfica de Posada a quien particularmente admiro un chorro. Su vida acabó de manera muy trágica en un barrio olvidado del Distrito Federal; no pudieron bajarle la fiebre según cuenta la leyenda urbana. También aproveché para hojear de nuevo el libro de La Calavera de Paul Weinstein, en donde nos lleva de la mano en un recorrido histórico sobre lo que significa la muerte para los mexicanos precortesianos y modernos. Otro libro que sin duda hay que repasar es El laberinto de la soledad de Paz sobre todo en el apartado de Máscaras mexicanas.
Y los dejo con una reflexión ¿por qué seguimos sintiendo esa extraña fascinación por la muerte?
Dicen que en México la muerte es dulce...sí, si se acompaña con un buen son y un alipuz entre pecho y espinazo. Feliz día de muertos a todos ustedes. Salud.