martes, 27 de mayo de 2008

Historia de Cronopios y de Famas: Julio Cortázar


Conservación de los recuerdos


con cariño para Bar.



Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: "Excursión a Quilmes", o: "Frank Sinatra". Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: "No vayas a lastimarte", y también: "Cuidado con los escalones". Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras que en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.






Antes de Julio, nadie sabía que en el mundo existían poquísimos cronopios, algunos esperanzas y una invasión de famas. El cronopio, exponente de la libertad del espíritu, de la creación, del goce, del deleite y la improvisación. “El perseguidor”, uno de los cuentos perfectos de la literatura en español, tiene por protagonista a Johnny Carter, personificación literaria del famoso saxofonista de jazz Charlie Parker, uno de los primeros cronopios de quienes se tuvo noticia, al lado de Louis Amstrong, Julio Verne, Thelonius Monk. Los famas son almidonados, estrictos, cuidadores del orden y de la seguridad, viven rígidos y generalmente amargados y son tantos y tantos que no se podría señalar a los principales, pero es fácil descubrirlos en las noticias de la televisión y los diarios, en las oficinas, en las colas del supermercado, al lado de uno. Los esperanzas son escasos, pasivos, tímidos pero candorosos. De alguna manera están tan lejos de los cronopios como de los famas: no sobresalen como aquellos, pero tampoco fastidian como éstos. Lo importante es saber cómo identificarlos; ojalá no ser fama ni esperanza, aunque hay que ser conscientes de que la categoría de los cronopios corresponde a palabras mayores" .

A mi sinceramente me encataría llegar a ser Cronopio pero eso es demasiada vanidad de mi parte...aunque me esfuerzo, me esfuerzo día a día.


¿Ustedes son famas, cronopios o esperanzas?


6 comentarios:

Bar dijo...

¡CHAS GRACIAS!
Usted sabe de que pie cojeo..

Cuquita la Pistolera dijo...

Yo soy cronopio unos días, fama otros, me caracteriza la volubilidad, el movimiento de emociones.
Ay, la verdad es que con tu post me dieron ganas de regresar a Cortázar, no lo leo hace años.
Saludos

Vidita dijo...

Bar, nunca crei que me atrevería siquiera a intentar desvelar una parte de usted medio oculta, o que trata de mantener oculta detras de ese entrecejo de malhumorado...el solo mirarle directamente a los ojos y de repente verlos huidizos y hasta tímidos, me harían pensar que usted nacio como esperanza y se esta en vías de ser un cronopio.

Vidita dijo...

Cuquita que gusto leerla de nuevo en este cantón!
¿Por donde salió el sol que su digísima majestad viene visitar a una plebeya como su servilleta?
JAJAJAJAJAJAJA

Ya en serio es un placer volvernos encontrar aquí y coincido en que las mujeres particularmente somos volubles, a veces semos famas, a veces semos cronopios...yo me considero fama en mi profesión, pero me considero cronopio en mi corazón.

Que bueno que este post te impulse a volver a Cortázar, el "gato" es un grande, cada que se vuelve a leer algo suyo resulta nuevo.

Mil besos

Luis Alberto Mesones dijo...

Grande Julito!!!

Anónimo dijo...

Tambien hay mucha belleza en las famas de Cortazar...